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Carta al italiano que vive en la España de 2007 y quiere conocer algo más de nosotros.

Estimado italiano,
Me dirijo a ti, sabiendo que en mi ciudad puedes ser uno entre sesenta mil, en medio de una sentida emoción. Acabo de ver, tendría que haberlo hecho hace tiempo, Salvador de Manuel Huerga. No sé si sabrás cual es el tema de tu película. Nuestros dos países sufrieron sendas dictaduras atroces. La vuestra, suerte que tenéis, acabo treinta años antes que la nuestra, pasasteis página y a nivel cultural recordasteis con libros y películas su crueldad, su perversidad atroz que encadenó a gran parte del pueblo. Posteriormente, y ahora parece que vuelve, retomasteis la senda de otro dolor: los años de plomo. El cine italiano tiene la indudable virtud de saber contar el pasado presente para que las generaciones que no vivieron los hechos recuerden y sepan qué ocurrió.

En este sentido estáis muy por delante, quizá por vuestra misma Historia. El caso es que siempre habéis sabido tener conciencia de la memoria, y en estos tiempos que corren me parece aún más admirable. La sociedad del fast food exige velocidad. Las noticias dejan de ser noticia en horas y parece ser que las parcas del presente no quieren que la gente sepa nada del pasado. Eso en España es sumamente preocupante. Sí, sé que estarás pensando, imaginándome como otro de tantos que reivindica la tierra. No te equivoques. Si escribo esta carta es como europeo que nació en la federación española de la futura, eso espero, Gran Unión Europea, ente hasta ahora más bien abstracto, ignorado en los libros de texto.

En los que usaba servidor en el colegio salían menciones al siglo XX español, pero raramente se impartían clases sobre este trascendental período, necesario para conocer en que punto estamos. Si sé algo de él es por curiosidad, no porque el sistema educativo nacional haya hecho nada. Mis primeras noticias como estudiante, agarrate fuerte, fueron el segundo curso de Doctorado, cuando yo mismo daba clases en una especie de Universidad popular. Mis estudiantes eran, son, mayores, han vivido el franquismo y siempre me confiesan su sorpresa ante las mentiras que les contaban los profesores del régimen fruto del golpe de Estado Fascista del 18 de julio de 1936. Fíjate que situación. Los jóvenes viven desinformados en tiempos de democracia y los mayores recibían lobotomía histórica por mor de la estabilidad del régimen. ¿Se ha querido decir la verdad en algún momento de los últimos setenta años? Lo dudo mucho.

Por eso empiezo mi carta hablándote de Salvador . Suelo ser muy crítico con la sociedad catalana de mis tiempos. Uno de sus problemas es que no mira a Europa, sino que siente, y viceversa, una obsesión enfermiza por España. Barcelona ciudad parece volverse siempre más pequeña, como si su aire cosmopolita fuera una ficción de opereta; sin embargo películas como la que acabo de visionar me reconcilian con Cataluña en todos los sentidos. Al fin y al cabo es una suerte que el pobre Puig Antich fuera barcelonés. Ello ha permitido que mucho dinero institucional catalán haya financiado, finalmente, una película que revisa y da a conocer un trozo importante de nuestra historia reciente. Ya lo sabes. En España no hay librerías Feltrinelli ni se hacen campañas para incitar la gente a leer. Por lo tanto, el cine, el poder de la imagen, parece el método más efectivo para transmitir el conocimiento del pasado. El ejemplo de Salvador muestra la necesidad de producir más y más películas históricas. ¿Quieres títulos? Desgraciadamente los cuento con algunos dedos de una de mis manos. La lengua de las mariposas sirve, Soldados de Salamina no, como tampoco el famoso Laberinto del fauno. Sí, hermosa película, no lo dudes, pero que algo como la Guerra Civil y sus consecuencias se enfoque desde la fantasía muestra la imposibilidad o el conformismo de todo un pueblo. ¿ Cómo es que no somos capaces de crear y recordar al igual que hacéis vosotros o Alemania?

Tengo mi teoría. Se basa en dos puntos. El primero de ello obedece a unos intereses económicos. Si en este país hay tensión no es porque el gobierno haga mal las cosas. Poco más se le puede pedir a Zapatero, un presidente republicano, espejo de la izquierda europea. El problema nace de los que dominan el panorama económico y productivo. Hay mucha derecha en esa órbita, y como sabes dentro de ese sector ideológico circulan muchas ganas de borrar el pasado....o contarlo mal, con una versión adaptada al presente que sirva para crispar más los ánimos. Los productores de derechas, que los hay, no moverán un dedo, y sólo en eso se asemejan a los de izquierdas, segundo motivo, gente aquejada de un miedo atroz a provocar un despertar que posibilite el recuerdo y la reflexión.

España está creciendo. Eso dicen las estadísticas. Crece falsamente. El pueblo se ha vuelto conformista, como si todo el bienestar de los años democráticos fuera un maná tan poderoso que genera silencio, el silencio del victorioso que antes era pobre y ahora se relame ante los bienes de la sociedad de consumo. El máximo ejemplo lo tienes con la causa de nuestro milagro económico: el boom inmobiliario.

¿Qué pasará cuando la gente no pueda pagar las hipotecas? ¿Qué pasará cuando la gente, como también ocurre en Italia según Stefano Pivato, no recuerde fechas esenciales? Vives en un país en el que la mayoría de individuos ignoran que la soberanía popular legal es la del 14 de abril de 1931, cuando el Rey abdicó en el pueblo y huyó cobarde después de perder rotundamente el apoyo en unas elecciones municipales. Este país ha sufrido mucho, nadie lo duda, pero en ocasiones conviene recordar, ¿Qué sería del mundo sin Roma città aperta?, para avanzar y lograr que los ciudadanos lo sean de verdad. Libres ciudadanos, no libres consumidores como somos hoy en día gracias al engaño de la maravilla, el marketing y la homologación.

¿Qué hacer?

Salvador es una primera piedra en el edificio de mis sueños. Esta mezcla, ¡es la clave!, entre historia cotidiana y Historia en mayúsculas ha de generar empatía, llenar salas, incitar al pensamiento crítico y generar, quizá Almodóvar podría hacer algo, un verdadero nuevo tiempo en España. Quien desconoce el pasado está condenado a no poder regenerar como debe el presente para el futuro. Pasolini hablaba de la fuerza revolucionaria del pasado y yo creo en ella porque da lecciones éticas y morales que desgraciadamente no quieren inculcar. Y el bien común las necesita.
El otro día rodé un documental sobre el Metro de Barcelona. El protagonista es el espacio y los individuos que lo pueblan. Uno de ellos, un simpático guardia de seguridad, al saber de mi idea comentó que hiciera lo que quisiera, que lo que en realidad quiere la gente es dinero y oír hablar de los poderosos. Me enfadé. Tenemos que hablar de la gente de a pie, verdaderos damnificados y protagonistas de la Historia. Hablando de, por y para ellos quizá logremos conciencia de conciencias, pasos decisivos para el despertar.
Este país duerme un sueño feliz que puede desembocar en una infinita tristeza cuando el alba abra sus luces. Para evitarlo nuestro cine tiene que ponerse vestimentas de función histórico social sin pensar en narcisismos.
El bien común es lo importante.
Cordialmente,
Jordi Corominas i Julián

 

 

     
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
     
 
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