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Averiguaciones paseando por la calle: el gusto italiano por la Cronaca nera .
Me gusta pasear. Estimula la imaginación y permite tener una visión más pura de la realidad. La terapia creativa de caminar asienta los pensamientos y refuerza los cinco sentidos. Es maravilloso avanzar mientras oyes voces ajenas que comentan los temas de actualidad. ¿Existen dos dimensiones del arte de escuchar? Los pensamientos cazados se complementan con la charla articulada de medianoche al lado de un buen vaso de vino mientras compartes inquietudes con conocidos. Choca comprobar como la población andante, siempre que no hable de sus cosas, afronta al aire libre temas políticos o deportivos, mientras en la intimidad prefiere abordar asuntos de carácter privado o temas más truculentos, aunque ello depende de la nacionalidad. ¿Y de los medios de comunicación? Veamos.

En el último mes el crimen ha sacudido, nada anormal por tradición, la nostálgica barriada de la Barceloneta. Dos cuerpos encontrados en una casa abandonada, un ser humano decapitado en el mar y un cadáver en una bolsa; la prensa informó, el pueblo habló y la noticia cayó en el marasmo del olvido después del primer parte. ¿Cómo es posible? Interrogadas al respecto, la mayoría de personas contestaron conocer El caso , tabloide sobre sucesos que quedó grabado en la memoria popular. La mayoría de encuestados afirman desconocer cuando desapareció, si bien parece posible que su defunción acaeciera en algún año impreciso entre el fin de los setenta y el primer lustro de los ochenta. Desde entonces el interés hispánico por la crónica negra a nivel estatal se ha saldado con los típicos altibajos del fenómeno, marcados por la televisión y la actualidad política. En España no se da importancia a la crónica negra local. Los casos famosos de los últimos decenios, olvidado el mítico crimen de la Calle Legalitat en 1949, nacieron a través de programas de televisión, Quién sabe dónde, o atentados terroristas que unieron al País, como sucedió con la muerte de Miguel Ángel Blanco. Quizá ello sea achacable por una organización electiva de los medios españoles: hay que centrar la noticia temática, y ahora toca abordar la violencia de género, que es tan crimen como una masacre y encima, y el planteamiento es acertadísimo, logra concienciar al lector/espectador. Las últimas semanas han propiciado el cumplimiento de un tópico: en Madrid se mata con pistolas y en Barcelona se usa la sutilidad como bandera, que se lo pregunten a la asesina de abuelas, farolillo rojo, aquí se entra por antigüedad, en el panteón de los criminales con huellas inmortales, infames bestias que aterrorizan al colectivo y crean un miedo abstracto que flota en el contaminado aire de 2000 y siguientes. Tendríamos que pensar en la amenaza del destripador, primer asesino moderno, primer asesino de la era de los Mass media : “conmigo empieza el siglo XX”. Los crímenes de Whitechapel ocurrieron en 1888.

En cambio, el caso italiano tiene otras características que lo convierten en un fenómeno que puede traspasar fronteras, casi un atributo de carácter nacional. Imaginaros la escena. Un bar de Gracia. Medianoche de un miércoles. Empiezan a mencionar topónimos. Cogne, Garlasco, Guidonia, Perugia. ¿Lecciones de geografía? No, de crimen sin contemplaciones. No es mérito del Google Earth, maravilloso artilugio para perder el tiempo aprovechándolo, tanta sapiencia. Asesinatos y salvajadas las hay todos los días. Lugares de muerte elegidos por la prensa, que en Italia dedica un importante tratamiento a la crónica negra. Lo esencial es que no sólo se habla de ella en presente, sino que el pasado se recuerda y hasta se le dedican libros, que en general evitan hablar de los casos recientes por falta de perspectiva histórica, y programas. Ello se debe a que la tradición viene de lejos, tiene un buen bagaje a sus espaldas. Los escritores, desde Moravia a la grandeza cronista de Dino Buzzati, le han dedicado páginas y más páginas y el pueblo antes de la homologación comentaba los sucesos afectado, dañado porque un mal se cernía sobre la comunidad mediante la acción aislada de un individuo. Ahora la retransmisión televisiva que narra como evolucionan las investigaciones ha adoptado una estructura mezcla de reality show y serial a lo CSI . Son las consecuencias de la inmediatez, sin pedinamento della realtà , y la influencia norteamericana con métodos científicos que fascinan a muchos pero pocos entienden, aunque en Il belpaese tenga poca importancia. ¿Cuántos son los crímenes famosos irresueltos? Mejor no contarlo. Parte del encanto. Parte del terror.

La mediatización de La nera indica un grave retroceso del libre espacio público del ciudadano. Antes, salvo en casos terribles o de honda significación social, la muerte se alimentaba del vocerío popular, de la charla en el mercado o en el bar. Si el crimen adquiría importancia era por la doble contribución del pueblo y el periodismo. El pueblo comentaba y hasta informaba al cronista, quien también, como es natural, acudía a las máximas instancias para recabar más datos. En 2007 se ha perdido el antiguo estilo, robando la palabra al pueblo cercano, que de informador aúlico de la verdad ha pasado a ser silencio que escucha los comentarios de las hondas hertzianas-cargadas de su verdad, que acaba imponiéndose- sobre el lúgubre suceso.

Entre los casos del primer ejemplo el paradigma sería el caso de Rina Fort, La belva di San Gregorio . Acaecido en 1946, sacudió al Milán de la Posguerra. La muerte dejaba de ser industrial y retornaba, en tiempos de naciente neorrealismo, a la cotidianidad. Y el rostro de la asesina múltiple, ¡una mujer!, era el de una joven ni guapa ni fea, una chica normal cargada de los típicos sinsabores. Ayudó a su difusión la magnífica prosa de Dino Buzzati, quien informó del crimen a tutto tondo , abarcando los detalles sangrientos, las reacciones posteriores, el interrogatorio, la detención y el posterior juicio cargado de indignación popular. El caso Fort tendría su evolución, en un país asentado donde ya se podía hablar de un nuevo orden político, con L'affare Montesi , con una chica joven encontrada muerta en la playa y un trasfondo que implicaba, si bien luego recibieron la absolución, a hijos de políticos de la DC , además de otras personalidades de la clase alta.

En Roma, donde hasta se han dedicado exposiciones retrospectivas a los crímenes más importantes desde el 25 de abril de 1945, hablar de fatti di cronaca es hacerlo de una constante que ha alimentado durante decenios las imprentas. El caso de los Marqueses Casati-Stampa demostró como el italiano de 1971 había adquirido sin tapujos el gusto por el morbo sexual, acrecentado por el trasfondo aristocrático del episodio. En cambio, el crimen del Canaro della Magliana fue una especie de retorno a una Italia casi perdida en la noche de los tiempos, la Italia de la bestialidad primigenia que hasta ese momento tenía como indiscutible punto de referencia La saponificatrice di Correggio , bestia humana de los primeros años 40 que pasó su testigo a Pietro di Negri, un simple dueño de un negocio de lavaggio di cani en la Magliana , enorme barrio periférico romano lindando con el sottoproletariato de Pasolini, que en febrero de 1988 asesinó salvajemente por venganza a un antiguo socio de pequeños robos. La brutalidad del Canaro se depositó en el inconsciente colectivo de los barrios cercanos, que aún hoy en día si te han cortado mal el pelo te preguntan, con toda la fuerza del gran humor negro romano, si el peluquero era el Canaro .

La cuestión es dirimir el por qué España ignora parcialmente la Cronaca , que Italia adora. Aunque parezca increíble, achacaría la diferencia a un diferente sentir de la religiosidad. La antigua España de curas y devoción, que existe a nivel festivo en la Andalucía de Semana Santa, ha dado paso a una España progresista que sin ser consciente teme mucho la profanación de la alegría, considerando la muerte truculenta como un espectáculo que, al no ser de total ámbito público, merece no saltar con rotundidad a la luz, con lo que se exorcizan tragedias pasadas. Sí, sabemos que la muerte existe, pero ahora estamos vivos y eso es genial. Gracias. Podría decir que el miedo a la muerte cotidiana es el miedo a Dios, aunque sinceramente creo que el fenómeno se limita al simple, y por eso importante, miedo al fin de la existencia, que puede llegar en cualquier momento.

En Italia la muerte, pensemos en el sur, sigue viviéndose como un fenómeno del día a día. En este sentido el cambio del percibir el crimen, de lo colectivo unido a la información al domino absoluto de los medios, tiene repercusión, especialmente en núcleos urbanos, como símbolo de la fractura de la normalidad. Irrumpe la muerte en una casa cualquiera, en un callejón conocido y hace despertar al italiano medio el sentido posesivo de la existencia, la conciencia de su importancia. No se evita la mención a la señora de la guadaña desde el ámbito cercano y eso en mi opinión genera, sin duda alguna un sustitutivo moderno del antiguo discurso religioso, un incremento del dualismo vida-muerte. Se puede pensar en el final sin dejar de vivir. No se oculta nada, sólo se ofrecen gotas de realidad para que el hombre, en todos los sentidos, tenga los pies bien anclados en el suelo y siga paseando.

JORDI COROMINAS I JULIÁN

 

 

 

 

     
     
   
     
     
     
     
 
 
 
 
 
     
 
 
 
 
     
 
 
 
 
 
   
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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